¿Dónde está el límite entre la ansiedad normal y la patológica?

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La ansiedad es la respuesta fisiológica y emocional que aparece cuando sentimos que estamos frente a una amenaza. Por lo tanto, es normal que la sintamos en situaciones más o menos estresantes, en cambio, hablaríamos de ansiedad patológica cuando ésta aparece sin una causa justificada.

La ansiedad no patológica no sólo es normal sino que es incluso beneficiosa. Un determinado nivel de ansiedad ayuda a que nuestro rendimiento aumente. En cambio, si sobrepasamos ese límite de ansiedad, el rendimiento comienza a descender debido a que disminuye nuestra capacidad de atención y concentración.

Hablamos de ansiedad patológica cuando ésta aparece de golpe y sin motivo aparente. Cuando esto ocurre lo habitual es que la persona que la padece empiece a preocuparse y a sentir miedo a que los síntomas se vuelvan a repetir. Una vez ocurre corremos el riesgo de alarmarnos demasiado e incluso anticipar su aparición constantemente, lo que con el tiempo hace que el estado de alerta vaya a más y que en la mayoría de los casos irremediablemente la ansiedad se implante en nuestra vida.


SÍNTOMAS DE LA ANSIEDAD PATOLÓGICA


Como hemos visto, hay situaciones en las que puede surgir la ansiedad y entran dentro de la normalidad, en cambio existen una serie de síntomas que pueden ayudarnos a descubrir si nuestra ansiedad es desproporcionada y por lo tanto empezar a trabajarla. Estos síntomas se manifiestan a diferentes niveles:

A nivel cognitivo:
  • Miedo a que aparezca la ansiedad, lo que se conoce como ansiedad anticipatoria y que provoca constantes pensamientos que mantienen nuestros niveles de alerta.
  • Aparición de pensamientos distorsionados y/o negativos, en ocasiones incluso catastrofistas, que generan angustia y malestar disminuyendo nuestra capacidad de atención y concentración.
A nivel físco:
  • Taquicardia
  • Sudoración
  • Temblores
  • Sensación de ahogo
  • Tensión muscular
  • Presión en el pecho
  • Insomnio
A nivel de conducta:
  • Los pensamientos negativos y desajustados y las conductas de evitación por miedo a que la ansiedad aparezca, reafirman la sensación de indefensión y de no control, por lo que nuestra autoestima puede verse seriamente dañada, llevándonos a seguir evitando elementos de nuestro entorno y manteniendo ese círculo vicioso. Algunas de las situaciones de evitación más comunes y que con el tiempo pueden dañar la autoestima serían: evitar relaciones sociales, evitar salir a la calle, coger medios de transporte, etc.
  • Suele aparecer también una tendencia a la comprobación pretendiendo que no aparezca la ansiedad, pudiendo llevar a conductas compulsivas como acudir a menudo al médico, visitar páginas de internet para comprobar síntomas, establecer "rituales supersticiosos",... con la idea de que así vamos a controlar su aparición. Todo esto, más allá de ayudar nos lleva a una enorme pérdida de energía lo que acaba haciendo que la ansiedad se mantenga o incluso aumente.


EL TRATAMIENTO DE LA ANSIEDAD EN PSICOLOGÍA

El tratamiento de la ansiedad desde la psicología cognitivo-conductual está dando resultados más que demostrados. A través de la exposición progresiva al estímulo que genera la alerta y del desarrollo de habilidades de afrontamiento y des-aprendizaje de determinadas conductas se puede conseguir una recuperación de la calidad de vida.

Estas técnicas llegan a aprenderse durante la terapia, de manera que la persona con ansiedad puede utilizarlas en su vida cotidiana, recuperando la sensación de control sobre su cuerpo y estado emocional.