¿ESTOY DEPRIMIDO?

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La mayoría de nosotros hemos dicho alguna vez "estoy deprimido", ya sea porque llevamos un mal día, porque estamos muy cansados o porque llevamos una mala racha. Sin embargo, la depresión es algo más, es un serio problema emocional que conlleva cambios en nuestra forma de pensar, sentir y actuar.

Una persona deprimida suele tener pensamientos negativos sobre sí mismo ("soy un desastre", "nada me sale bien"), los demás o el mundo ("la gente no me entiende", "nadie me ayuda", "este mundo es un asco") y el futuro ("nunca saldré de esto"). Esto es lo que llamamos la triada cognitiva.
Estos pensamientos nos provocan directamente sensaciones físicas desagradables, como abatimiento, cansancio, disminución o aumento de apetito, dificultades para dormir, etc., que, poco a poco, acaban consiguiendo que cambiemos nuestro comportamiento, nos abandonamos y dejamos de hacer progresivamente aquellas cosas que nos gustaban y animaban.

¿CÓMO EMPIEZA UNA DEPRESIÓN?


En el origen de este trastorno siempre encontramos una pérdida de reforzadores, es decir, una disminución de cosas importantes y positivas para nosotros, como puede ser la pérdida de un ser querido, problemas maritales, la discusión con un amigo, etc.; o el aumento de cosas negativas, tales como mucho estrés en el trabajo, problemas económicos, etc.

Sin embargo, muchos pasamos por ese tipo de situaciones y no todos nos deprimidos. ¿Por qué sucede? ¿Qué hace que unas personas se depriman y otras no? La respuesta radica en lo que hacemos en esos momentos. 

¿POR QUÉ SE INSTALA LA DEPRESIÓN?


Cuando nos encontramos ante esa pérdida de reforzadores, esa balanza interna que todos tenemos entre lo positivo y lo negativo empieza a desestabilizarse. Empezamos a pensar que no tenemos ganas de hacer nada, que tenemos una vida vacía y rutinaria y que no merece la pena hacer ningún esfuerzo por encontrarnos mejor. Eso nos lleva a estar cada vez más cansados, irritables y desmotivados, por lo que, poco a poco, nos introducimos en una inercia peligrosa: dejamos de hacer las actividades que definen nuestra vida, en un primer momento las voluntarias (salir con los amigos, ir de compras, pasear, …) y, conforme se va instalando la depresión, las obligatorias (arreglar la casa, ir al trabajo e incluso el aseo personal). 

Lo curioso y peligroso de esta espiral es que cuanto menos hacemos, menos oportunidades tenemos para salir de ese estado de ánimo bajo. Esta es la trampa de la depresión. Cada vez que nos quedamos en casa porque no nos vemos con ánimo de salir, seguramente no disfrutaremos del chiste que cuente un amigo, de una exquisita cena o del agradable sol que hace. Nos quedaremos en casa, rumiando sobre lo mal que nos encontramos.

Esta inercia es precisamente la que mantiene la depresión, por lo que tendremos que luchar contra ella para hacerle frente. 

Si te estás sintiendo identificado leyendo este artículo, quizás estés bajo las garras de una depresión. Utiliza esta información que ha llegado a ti y empieza a hacerle frente ¡ya mismo!. 
No dejes que la inercia pueda contigo, ponte en marcha, busca actividades agradables y gente con la que te sientas a gusto. Puede, seguramente de hecho sea así, que al principio pienses que no puedes, que no funciona, que no estás de humor, pero debes tener en cuenta que el primer empujón es el más difícil, si eres firme en tu propósito cada vez te costará menos y acabarás recuperando las ganas y la ilusión para disfrutar de tu día a día.