El poder de los pensamientos 24/01/2014

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Félix va andando por la calle de camino a casa. De pronto, se cruza con su amigo Antonio y cuando va a saludarle se da cuenta de que Antonio sigue su marcha sin decirle nada.
“Pero bueno, ¿qué le pasa?, ¿por qué no me saluda?, ¿estará molesto conmigo por algo?, que yo recuerde no le he hecho nada, ¿es que no le caigo bien a la gente?”

Félix se siente confuso, algo triste, se plantea llamar a Antonio pero no se atreve por si recibe una mala contestación de su amigo.

Conforme va pasando el día se nota cada vez más cansado, melancólico y decide no hacer nada esa noche porque cree que no es buena compañía.

A veces nos encontramos con situaciones que generan en nosotros unos pensamientos determinados, una interpretación. Esta forma de explicar lo que nos ocurre va a ser lo que provoque nuestros sentimientos y nuestro comportamiento.
En este ejemplo vemos como Félix piensa que el motivo de que su amigo no le salude es que no le cae bien y, en consecuencia, se siente triste y decide quedarse en casa solo en lugar de salir a divertirse.

Los pensamientos pueden jugarnos malas pasadas. Si no somos objetivos y racionales a la hora de interpretar una situación podemos acabar sintiéndonos peor de lo realmente necesario y actuando de una manera incorrecta o perjudicial para nosotros.

¿Quién sabe si Antonio no ha visto a Félix? Quizás “no ve tres en un burro” y no llevaba las gafas. ¿Y si Antonio iba con prisa y el mismo agobio le ha hecho no saludar? Puede que sea vergonzoso y tenga dificultad para ser sociable. ¿Y si ha tenido una discusión importante justo antes de cruzarse con Félix y ha preferido “pasar de largo” fruto del enfado?

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Para saber si estamos interpretando bien una situación podemos jugar a ser un poco científicos y buscar detalles que apoyen o contradigan nuestra explicación.
Félix tendría que buscar datos a favor y en contra de su hipótesis “le caigo mal a Antonio”, como por ejemplo:
  • Antonio me llama a menudo para quedar.
  • Alguna vez me ha dicho que valora nuestra amistad.
  • Es la primera vez que no me saluda por la calle…

Ser objetivos en nuestra forma de ver el mundo nos va a ayudar a ajustar nuestros pensamientos a la realidad y a quitarle fuerza a interpretaciones distorsionadas. De esta manera, nuestras emociones estarán siempre dentro de unos márgenes adecuados y nos permitirán reaccionar y comportarnos correctamente.