TDAH - 10/07/2013

El TDAH (trastorno por décifit de atención e hiperactividad) es un trastorno neurobiológico innato (enfermedades del SNC y periférico) con una carga genética importante que afecta de forma variada y persistente la vida de quienes lo padecen.

Se caracteriza por tres distintos tipos de síntomas:
- Dificultades en el rendimiento atencional (inatención) : “deja incompleta sus tareas, comete errores por descuidos, se distrae con facilidad, …”
- Dificultades en regular el nivel de actividad (hiperactividad): “no se queda quieto en su silla, está continuamente haciendo algo con las manos, habla sin parar, …”
- Dificultades en el control de los impulsos (impulsividad): “contesta antes que se haya terminado de hablar, interrumpe en las conversaciones, no puede esperar su turno, …”

Habitualmente, los síntomas empeoran en las situaciones que exigen una atención o un esfuerzo mental sostenidos o que carecen de atractivo o novedad intrínsecos (p. ej., escuchar al maestro en clase, hacer los deberes, escuchar o leer textos largos, o trabajar en tareas monótonas o repetitivas).

Tiene repercusión en varias áreas de la vida del niño, como el rendimiento escolar o la interacción social.
Se estima en forma conservadora, que entre un 3% y un 7% de los niños en edad escolar lo padecen, de los cuales, hasta un 50% siguen sufriéndolo en la edad adulta.
En los varones, el TDAH se da 3 veces más que en las niñas.
Es el trastorno más frecuente en las consultas clínicas y, por esto, el más estudiado en los últimos 20 años.

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad es un trastorno frecuente entre los pequeños. Puede desencadenarse desde una edad bastante temprana, como los 3 años, sin embargo, es detectado principalmente a partir de los 6 años, momento en que el niño comienza a verse limitado en labores escolares que requieren de su atención y concentración.

CRITERIOS PARA EL DIAGNÓSTICO DE TDAH


A. Debe cumplirse el criterio 1 o 2:

1) Seis (o más) de los siguientes síntomas de desatención han persistido por lo menos durante 6 meses con una intensidad que es desadaptativa e incoherente en relación con el nivel de desarrollo:

Desatención:
a. A menudo no presta atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas escolares o en otras actividades.
b. A menudo tiene dificultades para mantener la atención en tareas o en actividades lúdicas.
c. A menudo parece no escuchar cuando se le habla directamente.
d. A menudo no sigue instrucciones y no finaliza tareas escolares, encargos u obligaciones en el colegio (no se debe a un comportamiento rebelde o incapacidad para comprender instrucciones).
e. A menudo tiene dificultades para organizar tareas y actividades.
f. A menudo evita, le disgusta o le cuesta dedicarse a tareas o actividades (por ejemplo, juguetes, ejercicios escolares, lápices, libros, etc.).
g. A menudo extravía objetos necesarios para tareas o actividades (por ejemplo, juguetes, ejercicios escolares, lápices, libros, etc.).
h. A menudo se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes.
i. A menudo es descuidado en las actividades diarias.

2) Seis (o más) de los siguientes síntomas de hiperactividad-impulsividad han persistido por lo menos durante 6 meses con una intensidad que es desadaptativa e incoherente en relación con el nivel de desarrollo:

Hiperactividad:
a. A menudo mueve en exceso manos o pies, o se remueve en su asiento.
b. A menudo abandona su asiento en la clase o en otras situaciones en que se espera que permanezca sentado.
c. A menudo corre o salta excesivamente en situaciones en que es inapropiado hacerlo (en adolescentes puede limitarse a sentimientos subjetivos de inquietud).
d. A menudo tiene dificultades para jugar o dedicarse tranquilamente a actividades de ocio.
e. A menudo “está en marcha” o suele actuar como si tuviera un motor.
f. A menudo habla en exceso.
Impulsividad:
a. A menudo precipita respuestas antes de haber sido completadas las preguntas.
b. A menudo tiene dificultades para guardar turno.
c. A menudo interrumpe o se inmiscuye en las actividades de otros (por ejemplo, se entromete en conversaciones o juegos).

B. Algunos síntomas de hiperactividad-impulsividad o desatención que causaban alteraciones estaban presentes antes de los 7 años de edad.

C. Algunas alteraciones provocadas por los síntomas se presentan en dos o más ambientes (por ejemplo, en la escuela y en casa).

En general se aceptan principalmente cuatro subtipos conforme la importancia de los síntomas de inatención e hiperactividad:
- Tipo Predominantemente Inatentivo.
- Tipo Predominantemente Hiperactivo-Impulsivo.
- Tipo Combinado.
- Tipo No Específico (se utiliza para casos en los que no puede clasificarse
apropiadamente entre los tres anteriores y no es prudente utilizar otra forma de clasificación psiquiátrica conocida).

Es un trastorno crónico. Los síntomas de hiperactividad sí que suelen ir disminuyendo con el paso del tiempo, sin embargo, los síntomas de inatención suelen mantenerse en la vida adulta. Precisamente, por la cronicidad del problema, su temprana detección e intervención son fundamentales.

ETIOLOGÍA


Aunque existen diferentes teorías explicativas del origen del trastorno, se considera la causa biológica (orgánica) como principal responsable, entendiéndose esta como un desequilibrio químico en las áreas cerebrales involucradas en la atención y el movimiento.

Se ha demostrado también que la herencia genética es el principal predisponente para desarrollar TDAH.

El TDAH no es causado por alergias alimentarias, problemas familiares, una pobre educación, malos profesores o escuelas inefectivas.

TRATAMIENTO


El tratamiento para el TDAH consta de un enfoque multidisciplinar. El éxito del tratamiento dependerá de la edad del niño, de la severidad del diagnóstico y de la precocidad del mismo.

El tratamiento farmacológico es fundamental en la mayoría de casos. Es importante seguir las indicaciones del psiquiatra en cuanto a dosis y frecuencia. Paradójicamente, se suelen utilizar estimulantes, principalmente el metilfenidato. Lo que se estimula son aquellas áreas del cerebro encargadas de regular la concentración y las conductas impulsivas.

El tratamiento psicológico se basa en:
- Un programa de tratamiento con técnicas operantes, de autocontrol, habilidades sociales, autoinstrucciones y solución de problemas, que se realizará directamente con el niño.
- También incluye una parte de psicoeducación para los padres con el fin de evitar que adopten un estilo educativo demasiado negativo y punitivo y que se culpabilicen por la situación, además de proporcionarles un aumento del conocimiento de este trastorno.

El tratamiento psicopedagógico y escolar: corresponde a la mejora de las dificultades que pueda encontrar el niño en la escuela debido a su dificultad para mantener la atención y su necesidad continua de movimiento. Por esta razón, el contacto mantenido entre profesores, padres y psicólogo es imprescindible.

¿QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES?

- Entender el problema ante el que nos encontramos. Ser conscientes de que el comportamiento de su hijo se debe únicamente al trastorno que padece (no lo hace por maldad, para ponerles nerviosos ni para llamar la atención).
- Desarrollar expectativas realistas: no podemos pedirle las mismas cosas a un niño con TDAH que a otro sin este problema.
- Estructurar las tareas y dividirlas en varias partes con sus respectivos breves descansos.
- Fomentar las potencialidades del niño: apuntarle a actividades extraescolares, como algún deporte, clases de dibujo, etc.
- Normas e instrucciones claras, breves, a ser posible que estén presentes de forma visible (carteles, señales), que el niño pueda repetir en voz alta al ir a realizar la tarea cada vez que vaya a realizarla (carecen de perspectiva de futuro).
- Elaborar un horario y ceñirse a él: para un niño con TDAH es más fácil seguir una rutina. Intentar mantenerlo los fines de semana e, incluso, en vacaciones.
- Reforzar, de manera inmediata, conductas adecuadas de atención y tranquilidad, teniendo en cuenta que nunca llegarán a ser a ser como las de un niño sin TDAH. Por lo tanto, deberemos premiar cualquier paso o acercamiento hacia la conducta deseada.
Es importante cambiar continuamente los reforzadores, por la mayor tendencia de habituación de estos niños.
- Castigar conductas de hiperactividad, impulsividad o inatención, con tiempo fuera o coste de respuesta. Mantenerse constante en los castigos.
Es importante empezar reforzando, durante al menos dos semanas, antes de empezar con los castigos. El niño tiene que saber qué se le pide y en qué situaciones antes de empezar a recibir castigos por su mal comportamiento.
Otro aspecto a tener en cuenta es que el niño debería recibir más premios que castigos. Con estos niños es muy fácil caer en un castigo continuo debido a la naturaleza de su problema, la hiperactividad, pero tenemos que tratar de valorar los esfuerzos que hace por normalizar su conducta y no hacer caso a algunos comportamientos leves de inquietud que el niño no puede evitar.
- Practicar la técnica de las autoinstrucciones o ejercicios que fomenten el autocontrol (como la historia de Juan- Tortuga).
- Entrenar al niño en relajación.
- Utilizar un lenguaje positivo.
- Evitar las etiquetas: eres malo. Es mejor decir que el niño tiene comportamientos inadecuados a decir que es malo. Un comportamiento se puede cambiar, pero modificar la forma de ser de uno mismo es más complicado..
- Acercarnos a él con ganas de ayudarlo, verle como un niño que tiene un problema, no como un niño problemático.
- Evitar la acusación, la ridiculización y la falta de respeto: para expresar sentimientos negativos, cuando estamos enfadados con él, es mejor utilizar fórmulas como “yo me siento… cuando tú haces… porque…” (yo me siento triste cuando no terminas los deberes porque veo que no aprendes todo lo que podrías).